Bolívar es, sin duda, una figura tanto histórica como mítica. De su honorable y majestuosa figura hablan historiadores pero también escribieron ilustres poetas y literatos. Elevar una figura histórica a la del héroe mítico no puede suceder sin el arte, especialmente las artes letradas. Ahora, el arte popular por excelencia es el cine y la forma de narrar cuerpos nos orienta la mirada.

Primero veamos el cuerpo de Bolívar. Para volver un mortal una figura inmortal, a veces, pareciera que hay que despojarlo de cuerpo. Otras veces compararlo a los cuerpos míticos o a los divinos y celestiales. Para el caso de Bolívar, a finales del XIX y principios del XX, la literatura llamada culta, desde nuestros americanos y rebeldes suelos, recurrió al mundo antiguo greco-romano para elevar el cuerpo mortal de Bolívar a una figura cuasidivina.

En un hermoso estudio, Ana Cecilia Ojeda nos señala cómo se ha hecho desde la literatura para convertir al hombre en héroe mítico. En su paso, el cuerpo pasa por ese proceso de mitificación. El cuerpo del héroe se compara, de esta manera, con los del mundo europeo. Ese mundo que nos ha dado hermosos imaginarios celestiales y míticos que hasta el día de hoy siguen dándonos las imágenes más privilegiadas.

Al respecto de las ideas sobre los imaginarios de los cuerpos, France Borel había anticipado: “el cuerpo no es un producto de naturaleza, sino un producto de la cultura”. Esta idea va en sintonía con la famosa idea de que la cultura es nuestra segunda naturaleza, dicho de otra manera, todo, hasta el cuerpo que parece de lo más natural y transparente a la mirada, es aprendido a observar y a interpretar.

Estas interpretaciones que hacemos de los cuerpos se hacen a partir de los patrones culturales que tenemos a disposición. Podemos ver las cosas a partir de los marcos que tenemos así mismo para nombrarlas y reconocerlas. Volvamos al cuerpo mítico de Bolívar. Por ejemplo, Gabriel Picón Febas había escrito sobre el cuerpo del libertador:

César o Napoleón por la estatura
Los ojos negros, el perfil romano
Y en la prefecta urdimbre de la mano
El nervio de la ibérica bravura.

Otra imagen la da José Joaquín Olmedo quien lo compara, en La Victoria de Junín, al nivel de los atletas griegos cantados por Píndaro. O la imagen de Joaquín Balaguer cuando lo compara con Atlas: Bolívar es el Atlas de América. O la de Alfredo Arévalo:

Ganó de Marte y Venus los magníficos dones
– ¡Oh mirtos y laureles! – en un preclaro abril
Sojuzgaba hermosuras, libertaba naciones,
Con la misma destreza bizarra y señoril.

Quizás otra imagen interesante es la que nos brinda Jesús Muñoz Tebar en su novela. Bolívar debe elegir una esposa espiritual entre Sofía, Eroclea y Eleutera. Elige a la penúltima, encarnación de la Gloria, y de esta unión simbólica nacerá una hija llamada Colombia.

Esta idea del origen es arquetípica del mito. Así, en el cuerpo paterno nacional encontramos las referencias a los cuerpos greco-romanos. ¿A qué otros cuerpos harían referencia los ilustrados poetas y literatos, a los cuerpos indígenas, a los cuerpos negros? El criollismo era también un afán de no perder el lazo europeo. A Bolívar se lo asoció al cuerpo europeo, al cuerpo grecolatino.

Por ello es lindo el retorno a lo local cuando Gabriel García Márquez escribe en El general en su laberinto: “… ya sus ásperos rizos caribes se habían vuelto de ceniza…”. Pues el cuerpo que debiose convertir en bandera política y en inspiración mítica retornaba en un cuerpo capaz de generar identificación regional.

Veamos el Hércules negro. Hace unas semanas ronda el rumor de que el próximo Hércules será interpretado por Michael B. Jordan, un actor negro. Esto, ha causado un montón de enojos ya que mucha gente siente que la sacra historia universal esta siendo profanada. Aunque no hayan claras referencias hacia alguna tez del héroe mítico, ya sea en su versión griega, ya sea en la romana.

Ahora sabemos, de la mano de un hermoso texto de Martín Bernal “Atenea Negra” que tal ideal blanco no es tan puro como, quizás, hemos podido imaginar: que ni Bolívar tenía un cuerpo que sólo se pudiese entender desde el mundo clásico grecolatino ni que Hércules tuviese uno u otro color de piel, ni siquiera, qué podría significar eso en aquel mundo. Pero lo que sí sabemos, es que entender el mundo desde lo afro sigue pareciendo, desde muchas perspectivas, un delirio o una profanación.